Pobre en habitantes y rico en ganancias
Por lo referido a la población, los datos recopilados en la época de
Felipe II, en 1579, señalan que la villa tenía en ese momento unos 180 vecinos que
se habían mantenido estables durante toda la centuria. No obstante, los
recuentos realizados en 1530 y 1591 son más precisos, pero con el inconveniente
de que el número de habitantes se da conjuntamente para Cubas y Griñón y no se
especifica cuál es el número de individuos que correspondía a cada municipio. En
el primero de estos años, los habitantes eran 1165, de los que solamente
aparecen diferenciados las 25 monjas del monasterio de Santa María de la Cruz
de Cubas y las 30 del convento de franciscanas de Griñón; en el segundo
recuento los habitantes sumaban 1615; como puede observarse en el periodo de
tiempo comprendido entre ambas fechas la población había experimentado un
sensible crecimiento. Es lógico pensar que la tendencia poblacional de ambas
villas debió ser semejante.
El siglo XVII, Al igual que en el resto del país, surgió un retroceso
poblacional debido a las distintas epidemias que asolaron todo el territorio, este
fenómeno hizo que el recuento efectuado en 1643 recogiera únicamente 24 vecinos,
sin incluir clero e hidalgos. En la segunda mitad del siglo la tendencia
demográfica sigue siendo baja.
El siglo XVIII tampoco debió suponer un claro avance poblacional, pues el recuento en 1751 había vuelto a descender, ya que solamente se recogían 70. La segunda mitad del siglo supone un avance ligero en el crecimiento poblacional, ya que la población se había remontado hasta los 90 vecinos, sin embargo, aún faltaba bastante para acercarse a los 189 vecinos que reflejaba los documentos del reinado de Felipe II.
Sobre la economía, esta se basa casi exclusivamente en la agricultura, cultivándose
sobre todo cereales, olivo y viñedo, así como hortalizas; sobresalían también
los nabos y las berzas. también se cultivaban abundantes frutales de distintas
especies, la mayoría se plantaban en terrenos dedicados a los huertos.
Los pastos eran muy escasos, de hecho, la totalidad del término estaba
labrado y dedicado al cultivo. Escaseaba también la leña, los vecinos se
proveían de ella a base de sarmientos de las vides y ramas de los árboles. El
carbón lo traían de Navalcarnero y la sal de las Salinas de Espartinas en
Guadalajara.
La ganadería se reducía al ganado vacuno, necesario para las labores del campo, y alguna piara de cerdos para el autoconsumo; la caza tampoco era demasiado abundante, pues la única especie del territorio era la liebre y aun así esta escaseaba frecuentemente.
Tampoco existía ningún tipo de Industria, ni siquiera había un molino para fabricar el pan (este se fabricó más tarde), pues al carecer de corriente de agua que pudiera accionarlo tenían que desplazarse legua y media hasta Arroyomolinos o cuatro leguas hasta Bayona. Había asimismo una taberna, un bodegón y una carnicería del concejo. Se contaba también con un mesón propiedad de un vecino de Madrid y un médico que lo era asimismo de torrejón de Velasco, un cirujano, un boticario, un escribano de número, un maestro, un alguacil, un maestro albañil, un carpintero, un herrero, un zapatero, un sastre y 40 jornaleros, contando también con 20 pobres de solemnidad.
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