Un paseo por el pueblo

El núcleo urbano, de poca extensión y con grandes espacios libres entre el caserío, estaba constituido por varias casas, realizadas en tapial de buena calidad, teniendo que traerse casi todos los materiales necesarios para su construcción de los pueblos vecinos, puesto que los únicos materiales que se fabricaban en el municipio eran el ladrillo y la teja.

A mediados del siglo XVIII el número de casas eran 70 en aceptable estado de conservación y 20 arruinadas que ya se habían convertido en solares. A finales del siglo el casco urbano debió experimentar un cambio favorable, dado que, según las descripciones de lorenzana, se consideraba a la villa como una de las más saludables y sanas del territorio madrileño. muchos vecinos de Madrid no solo se hacían traer el agua desde Griñón a sus domicilios madrileños, sino que también habían comenzado a edificarse viviendas en las que residían sobre todo en primavera, verano y otoño con el objeto de recobrar la salud.

Por otro lado, no son muchos los edificios levantados en este período que han llegado hasta nuestros días, entre ellos se encuentra, frente a lo que hoy es el centro de salud de Griñón, la iglesia parroquial de la Asunción de nuestra señora, edificada en el siglo XVI sobre una antigua ermita mudéjar, de la que se conservan algunos elementos. Se cree que aquella ermita se derrumbó en el siglo XVI, reconstruyéndose después con materiales de peor calidad, lo que obligó a irla reparando en sucesivas ocasiones. La Iglesia está construida con una planta de una sola nave y cuenta con dos capillas, una de ellas dedicada al Cristo Aparecido, del que se guarda en ella una pequeña talla de unos trece centímetros que fue encontrada a finales del siglo XVI; también hay en esta capilla un retablo dedicado a este mismo Cristo del siglo XVII.

La antigua capilla del Cristo es la actual sacristía. Esta última está cubierta con bóveda de crucería y bajo su suelo hay una cripta que en su día perteneció a una importante familia de la localidad, siendo clausurada en 1893.

En el ábside, podemos contemplar el gran retablo mayor de finales del siglo XVII o principios del XVIII, ornamentado con motivos vegetales y atribuido posiblemente a Churriguera, a Ratés, o a algún artista de la escuela del primero. A ambos lados del crucero, hay otros dos retablos, éstos de la segunda mitad del XVIII. Uno de ellos guarda la imagen de la Virgen, mientras que el otro tiene una talla de San Isidro. Por las fuentes documentales se sabe que el templo contó con un órgano fabricado por Francisco Antonio Díaz que en el año 1774 aún era utilizado.




M
uy cerca de la Plaza Mayor encontramos el Convento de Clarisas de la Encarnación. La fecha de su fundación y construcción la encontramos entre los años 1523 y 1525 de la mano del presbítero y doctor Rodrigo de Vivar, cuyos restos descansan a los pies del altar mayor de la Iglesia. Del interior de la Iglesia merece especial atención el retablo, obra realizada entre 1533 y 1536 por el pintor y sobrino del fundador, Juan Correa de Vivar. También del siglo XVI son los retablos que se conservan a sendos lados de la nave y en el coro alto, todos ellos de la escuela madrileña. Entre otros objetos de valor histórico y cultural, el interior del convento alberga algunos cantorales escritos por Sor Ana de la Concepción en el año 1619.´


En las afueras del pueblo encontramos la Ermita del Cristo Aparecido. Su origen lo podemos hallar en una anécdota, o tradición, en torno a la imagen que se halla en la Capilla del Cristo Aparecido de la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción.

La historia de este Cristo aparecido fue un suceso que tuvo lugar el día 17 de junio de 1669, cuando Pedro Gómez, labrador y vecino de la villa, después de haber rezado, como tenía por costumbre al terminar su trabajo, se encontró en un sembrado un pequeño crucifijo cuyo rostro resplandecía y despedía un agradable olor, cogió la imagen y la llevó a su casa guardándola en un arcón, pero al día siguiente cuando su mujer fue a verla, el arcón se hallaba impregnado de un agradable olor que consideraron milagroso, por lo que decidieron comunicar lo sucedido a don Alonso de Mendoza y Toledo, señor de la villa, quien se dirigió a casa del labrador con varios vecinos para adorar la imagen, llevándosela acto seguido a la iglesia, en donde quedó instalada y venerada por todos los vecinos.

En la actualidad, el Cristo Aparecido es patrón de la ciudad de Griñón, celebrándose las fiestas en su honor el 17 de junio de cada año, mismo día en que fue encontrado y del que ya se deja constancia en las mencionadas "Relaciones de Felipe II".




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